Mensaje  2 de septiembre 2014

Orando con la Reina de a Paz
Queridos hijos, yo su Madre, vengo de nuevo entre ustedes del amor que no tiene fin, del amor infinito, del infinito Padre Celestial. Y, mientras miro en sus corazones, veo que muchos de ustedes me acogen como Madre y, con un corazón sincero y puro, desean ser mis apóstoles. Pero, yo también soy Madre de ustedes que no me acogen y, en la dureza de su corazón, no desean conocer el amor de mi Hijo. No saben cuánto mi Corazón sufre y cuánto yo 
oro a mi Hijo por ustedes. Le pido que sane sus almas porque Él lo puede hacer. Le pido que los ilumine con el milagro del Espíritu Santo, para que dejen de traicionarlo, blasfemar y herir siempre de nuevo. Oro con todo el Corazón para que comprendan que solamente mi Hijo es la salvación y la luz del mundo. Y ustedes, hijos míos, queridos apóstoles míos, lleven siempre a mi Hijo en el corazón y en los pensamientos. De esta forma lleven ustedes el amor. Todos aquellos que no lo conocen, lo reconocerán en vuestro amor. Yo estoy siempre junto a ustedes. De una manera especial, yo estoy junto a sus pastores, porque mi Hijo los ha llamado para guiarlos por el camino de la eternidad. Les doy las gracias, apóstoles míos, por el sacrificio y el amor.”

 

Oremos:
“Virgen María, Reina de la Paz, te doy gracias porque continuas viniendo a la tierra para enseñarnos como vivir nuestra vida de discípulos del Señor, entrando en la escuela del verdadero amor que no tiene fin. 
Tú, Madre todo lo ves, y miras en mi corazón… Dime Madre, ¿qué encuentras en él?
(Has un poco de silencio, toma un tiempo para recibir lo que María quiera mostrarte, y luego habla con ella)
Hoy quiero recibir Madre tu enseñanza, pidiéndote que me ayudes a cambiar el corazón, liberándome de la dureza que aun se esconda en él, para que este se vuelva cada día más puro y sincero.
No quiero Madre que sufras por mi causa, sino que quiero ser tu alegría y tu consuelo, así como tú lo eres para mi.
Hoy abro las puertas de mi alma al Espíritu Santo para que me sane, porque Él lo puede hacer. 
Quiero ser iluminado por el milagro del Espíritu Santo, para no volver a traicionarte ni a ti, ni a mi Señor, ni a la Iglesia.
Ayúdame Madre a ser apóstol tuyo y discípulo de Jesús, llevándolos siempre en el corazón y en los pensamientos y dándolos a conocer desde el amor, a todos aquellos que no los conocen. 
Finalmente Madre, te pido por todos los pastores que Dios nos ha concedido. Gracias, porque tu Hijo los ha llamado para guiarnos por el camino de la eternidad. Protégelos y Bendícelos. Amén.”
Del libro del P. Jamut, "365 días con María" (En elaboración)

 

 

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